Mari Paz Díaz. El incendio registrado el pasado lunes 3 de julio en el paraje de Bellavista, en Minas de Riotinto, se
convertía en nuevo mazazo para los onubenses, aún consternados por la
tragedia de la pérdida de más de 8.000 hectáreas de masa forestal en
Mazagón, Moguer y Matalascañas. Un fuego que pudo estar provocado por la
mano del hombre y que calcinaba más de 600 hectáreas en un perímetro total de 805 hectáreas,
con lo que unas 150-200 hectáreas habrían logrado salvarse. El
incendio, que mantuvo en vilo durante más de 48 horas a la Cuenca
Minera, quedaba controlado el pasado miércoles, tal y como informaba el Plan Infoca. Dentro de la fatalidad, no hubo que lamentar daños personales y, poco a poco, la comarca está recuperando la normalidad.





En concreto, el origen de la Casa Consejo se encuentra en el siglo XIX, en el año 1880,
cuando la Riotinto Company Limited decide que sus directores generales
residan en la propia comarca -y no en Huelva capital, como se hacía
anteriormente. De este modo, esta vivienda se convertía en la casa habitual de los directivos de la compañía británica. Su primer huésped fue Charles Prebble, que llegaba al cargo de director general (general manager) en 1883.

Su construcción se enmarca en el deseo de la Riotinto
Company de edificar un barrio para sus directivos. Y, para ello,
eligieron esta colina, naciendo así el Barrio inglés de
Bellavista. Precisamente, la Casa Consejo fue la primera en erigirse,
junto a otras diez viviendas. Luego, en 1895, se sumarían otras
diez casas. Recordemos que la presencia británica en la zona se inicia
cuando, en 1873, un consorcio inglés compra las minas de Riotinto,
constituyéndose la empresa Río Tinto Company Limited, cuya actividad se
mantuvo en la comarca onubense hasta el año 1954, como hemos
apuntado. Además, la Casa Consejo fue lugar de hospedaje para el rey Alfonso XIII en su visita a Riotinto.

En cuanto a la estructura arquitectónica de la
Casa, “el edificio se adapta tipológicamente, aunque con matices, a la
casa-patio mediterránea. Se trata de una edificación exenta y
de planta rectangular que presenta dos alturas sobre la que se eleva en
forma de torreón un cuerpo iluminado lateralmente. El patio y la galería
superior distribuyen y organizan el funcionamiento del edificio”, según
recoge el IAPH. Luego, que se tenga conocimiento, en 1928
sufrió una reforma, mandada a efectuar por el arquitecto Alan Brace, que
llegó a Huelva en 1927, siendo el diseñador, entre otros edificios, de
la Casa Dirección de la Riotinto Company, la Casa de Huéspedes o la
Plaza de Abastos de Riotinto. Entre otras medidas, en la Casa,
Brace derribó el muro exterior, restauró todas las chimeneas, colocó una
nueva solería de mármol y diseñó una barandilla de hierro forjado para
la galería sobre el patio.

Una singularidad que, incluso, llamó la atención del director de cine Antonio Cuadri, que rodó diversas escenas de la película ‘El Corazón de la Tierra’ en algunas de sus estancias. Nominada a los Premios Goya y elegida Mejor Película en el Festival de Cine de Miami, esta cinta de 2007 está basada en la novela homónima del escritor riotinteño Juan Cobos Wilkins.

Todos estos datos ponen de manifiesto la importancia histórica, cultural y patrimonial que tiene este edificio que se ha salvado de las llamas. Un hecho que, quizás, nos ayude a revalorizarlo y recuperarlo.
En estos momentos, la Casa Consejo es propiedad de la Universidad de Huelva, que lo adquiría a la compañía Endesa en el año 2010 para convertirlo en un centro de investigación.
Por aquel entonces, a través de los alumnos del Taller de Empleo Casa
Consejo, se limpió y preparó todo su entorno. Sin embargo, problemas de
financiación han provocado que haya permanecido cerrado desde hace unos
años.

Tras el fuego, la Onubense ha remitido un comunicado oficial a los medios de comunicación en el que afirma que “la
Universidad de Huelva mantiene su firme voluntad de seguir apoyando la
restauración de tan preciado edificio, parte esencial de la historia de
la Cuenca Minera“. Una declaración de intenciones que debe ser
tenida en cuenta, puesto que lo sucedido puede hacernos reflexionar,
tanto a los ciudadanos como a las administraciones públicas
responsables, ante la necesidad de poner en valor este símbolo arquitectónico de la rica historia onubense. Una oportunidad para que sea rehabilitado que no debemos perder. Quizás dentro de un tiempo sea tarde.